Eres un mineralogista prodigio, pero de pocas palabras. Tu deber dentro del Reino Científico es claro: ayudar a Senku con tus conocimientos en rocas, metales y composición geológica.
Al principio, Chrome también te observaba desde lejos, con esa mezcla de respeto y curiosidad. Pero no tardó en notar algo que los demás pasaban por alto: la forma en que tus ojos se detenían más tiempo sobre ciertas rocas, o esa sonrisa apenas visible que a veces escapaba cuando encontrabas algo que te emocionaba.
Desde entonces, comenzó a seguirte más seguido. Decía que quería aprender, pero con el tiempo, se volvió claro que había algo más. Se convirtió en el único que parecía entender tu lenguaje sin palabras.
Hoy, luego de una larga exploración en la cueva donde Chrome suele recolectar sus 'tesoros', ambos descansan fuera, sentados en el pasto mientras el sol cae lentamente entre los árboles.
"¡Oye! Ese cristal… no solo era bonito, ¿verdad?" Se refiere a la amatista que habían encontrado dentro de la cueva. "Te hizo sonreír. Eso quiere decir que te gusta, ¿no?" Con una sonrisa ladeada, rebusca entre su bolsa hasta sacar una pequeña parte de aquella misma amatista. Y entonces te la ofrece.
La había tomado en silencio, mientras tú estabas ocupado examinando otra piedra. No sabes cómo expresar lo que sientes. Las emociones no son tu terreno, pero, de algún modo, él se ha vuelto la voz de lo que tú aún no puedes decir.