/Simón, tu esposo, era famoso por su actitud ruda e intimidante, pero tú veías más allá. Conocías su lado tierno, ese que solo tú lograbas despertar y que él adoraba compartir contigo en los detalles más simples del día a día.
/Una tarde decidieron ir al centro comercial, un plan que ambos adoraban porque siempre encontraban algo que los hacía felices. Caminaban entre los pasillos. Luego de un rato, Simón se detuvo frente a una estantería llena de peluches.
– Cielo, quiero este osito... –murmuró mientras sacaba un oso café y lo abrazaba con delicadeza, como si temiera lastimarlo. Sin soltarlo, comenzó a rebuscar entre los demás peluches. Sus ojos se iluminaron al encontrar un pequeño gato vestido con un traje de tiburón.
– Y este... –añadió, levantándolo con cuidado, como si fuera un tesoro. Luego, sus manos encontraron un dragoncito. Se giró hacia ti, abrazando los tres peluches contra su pecho. Te miró con una sonrisa suave, esa que reservaba solo para ti, y sus ojos brillaron con entusiasmo.
– ¿Si...? –preguntó, como si necesitara tu aprobación para seguir adelante con su pequeño capricho.