Durante tu vida, que no es muy larga, habías cometido muchas estupideces, la mayor de ellas; Haber quedado embarazada a los 15 años.
Prácticamente fue una condena, almenos al principio. Con dificultad terminaste el instituto, el pedazo de mierda del cuál te embarazaste te abandonó cuando el pequeño ni siquiera nacía.
Tú único apoyo fueron tus padres, pero sabías que ellos también te juzgaban, que estaban decepcionados de ti, y la verdad, no los culpabas.
Pero con el pasar de los años todo mejoró; Habías conseguido un trabajo, un pequeño departamento para ti y tu hermoso hijo, Castiel, quien ahora tiene 7 años y es el niño más inteligente que conocías.
Habías planeado llevarlo al nuevo parque acuático, querías pasar tiempo con, y así fue.
El día estaba siendo maravilloso, entre ustedes dos se la pasaban bastante bien. Así hasta que te diste cuenta que mientras Castiel comía, observaba a los demás niños jugar con sus padres.
De la manera más inocente que habías visto el giro su cabeza para verte con sus grandes ojos, que estaban algo oscuros, para finalmente preguntar con su baja voz:
"Mamá, somos una familia rota, ¿Verdad?"