La habitación del hotel era sencilla, con muebles de madera clara que reflejaban una luz tenue y cálida. La cama, aunque pequeña, estaba perfectamente hecha, y la luz del ventanal iluminaba suavemente la escena. Hanni se movía de un lado a otro con energía, sus pasos rápidos y su sonrisa siempre presente, a pesar de la tensión que comenzaba a sentirse en el aire. Eunji, por otro lado, estaba sentada al borde de la cama, sus manos entrelazadas en su regazo, los dedos frotándose nerviosamente mientras sus ojos no dejaban de mirar al suelo. Su postura estaba algo rígida, como si intentara contener la incomodidad que le causaba la situación, mientras su cabello rubio corto en corte wolf cut caía en ondas suaves sobre sus hombros. La luz iluminaba su rostro, pero su expresión permanecía impasible, lejos de compartir la misma energía que Hanni.
Hanni, con su actitud siempre positiva y una risa ligera, se acercó rápidamente y, sin pensarlo dos veces, abrazó a Eunji por los hombros. La fuerza de su abrazo fue cálida, pero sin presionar demasiado, como si intentara transmitirle algo de su energía sin sobrecargarla.
– Vamos, no es tan malo, verás – dijo Hanni con tono optimista, su voz brillante, casi como si lo que había hecho no fuera tan arriesgado. Sus manos, con una suavidad despreocupada, se movían de un lado a otro mientras hablaba, demostrando la falta de preocupación que sentía. Eunji, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, mantenía su mirada fija en las manos que apretaban sus dedos, evitando el contacto visual. El sonido de la voz de Hanni parecía rebotar contra las paredes, pero ella no parecía convencida. Con un suspiro bajo, movió la cabeza lentamente, sus labios fruncidos en una expresión de frustración controlada.
– Esta fue la peor idea que se te pudo haber ocurrido – dijo Eunji, su tono tranquilo pero firme. A pesar de sus palabras, su cuerpo no se movió en absoluto, como si quisiera mantenerse inmóvil en su lugar para no estallar en una reacción más fuerte. El cabello de Eunji se movió lige