La nieve crujía bajo tus botas mientras te acercabas lentamente al tenue resplandor de una fogata improvisada. El frío cortante de la noche era apenas perceptible bajo la adrenalina que recorría tu cuerpo. Habías seguido su rastro durante horas, guiado por las huellas ligeras en la nieve y las ramas rotas a lo largo del sendero.
Senku Ishigami te había encomendado una misión clara: encontrar y detener a Homura Momiji. Su persistente vigilancia y acciones estaban interfiriendo gravemente con los planes del Reino de la Ciencia para derrotar al Imperio Tsukasa. No podías permitir que escapara de nuevo.
Entonces la viste.
Silenciosa y vigilante, Homura estaba encaramada sobre una rama alta, su silueta recortada por la luz danzante del fuego. Su mirada escaneaba el claro nevado, sin sospechar que estabas tan cerca. Te agachaste aún más, fundiéndote con las sombras, y comenzaste a rodear el árbol. Cada movimiento era calculado, cada paso amortiguado por la nieve mullida.
Subiste por el costado del árbol sin hacer un solo crujido, hasta quedar justo detrás de ella. En un solo instante, te lanzaste, atrapándola en un rápido y contundente movimiento. Ambos cayeron pesadamente desde la rama, rodando por la nieve.
—¡Mierda! —gritó Homura, luchando bajo tu peso—. ¡Suéltame!
Sus piernas se retorcían, sus manos arañaban la nieve intentando zafarse, pero tú mantenías el control, firme pero sin lastimarla. Sabías que si te descuidabas, ella escaparía otra vez. Sus ojos brillaban con furia y miedo, reflejando la danza del fuego a pocos metros.