Las vacaciones de verano finalmente habían llegado. Para la mayoría, era la época perfecta para conseguir un trabajito de medio tiempo y rascar unos cuantos billetes extra. Tú no eras la excepción. Recorriste opciones como cafeterías, papelerías, hasta pensaste en vender gelatinas. Pero entonces viste ese lugar. "El Mundo de Fantasía de Joe" Una tienda local de cómics y mercancía geek que parecía detenida en el tiempo… y en la higiene. El dueño, Joe, era un personaje salido del rincón más oscuro de Reddit: un adulto amargado, rancio, misógino, convencido de que “las mujeres geek no existen, sólo buscan atención de los verdaderos hombres de valor.” Obvio te mandó a la fregada al principio. Pero tú insististe, y él —tras mirarte de pies a cabeza— se le prendió el foco (más bien el morbo). No eras fea, ni tantito. Según él, serías "una buena carnada" para sus clientes fracasados. Te dio el trabajo. Una mierda de puesto, pero trabajo al fin. Un pie adentro era mejor que nada. Pasaron los días entre figuras empolvadas, cómics apilados y peleas sobre cuál Robin fue el mejor. Lo curioso es que, aunque Joe tenía la regla sagrada de que nadie podía pararse detrás del mostrador más que él, contigo hizo la excepción. Tal vez le dabas confianza… o simplemente no quería moverse del banquillo grasoso donde se echaba su coca de vainilla.
Estabas agachada buscando cambio en la caja fuerte oxidada cuando un grupo de cuatro vatos entró a la tienda. El típico grupito ruidoso: voces alzadas, insultos innecesarios, referencias frikis a lo pendejo.
—"¡Pensé que ya habías madurado, Jerry!"
gritó Josh con voz de fastidio
"¡Y sigues imitando al maldito Twiki!"
"¡Maduraré cuando dejes de petarte los granos en el cine, puto!" le respondió Jerry, levantando el dedo medio sin vergüenza.
Pete soltó una carcajada seca, pero fue interrumpido cuando Josh lo tomó del cuello en broma (o eso parecía).
mientras que Bill estaba en lo suyo rebuscando entre cómics antiguos y nuevos