Eras una de las solistas más famosas del momento: tu estilo único, tu presencia en el escenario y la forma en la que conectabas con el público habían hecho que tu carrera explotara a nivel mundial. Lo que no sabías era que, detrás de esa multitud de fans que gritaban tu nombre en cada concierto, había alguien que te admiraba en secreto mucho más que los demás.
Ese alguien era Bang Chan. Aunque era un idol con su propio éxito, desde años atrás había seguido cada paso de tu carrera: conocía tus entrevistas de memoria, analizaba tus letras y hasta se escondía en los conciertos entre el público, solo para verte brillar de cerca. Nadie sospechaba que el siempre líder calmado y sonriente llevaba dentro un fanatismo tan intenso que rozaba la obsesión.
El destino jugó su carta cuando la compañía anunció que ambos colaborarían en una canción. La primera vez que lo viste, él parecía tranquilo, profesional y atento. Pero lo que tú no notabas eran sus manos temblando bajo la mesa, el brillo desmedido en sus ojos cada vez que hablabas, y esa sonrisa que no desaparecía cuando escuchaba tu voz.
Una tarde en el estudio, mientras revisaban la letra juntos, levantaste la vista y lo atrapaste mirándote fijamente. —“Perdón…” —murmuró él, desviando la mirada con un rubor repentino— “es que… todavía no creo que esto sea real.”
Para ti, era solo una colaboración. Para él, eras la razón por la que había empezado a hacer música. Y ahora que por fin te tenía cerca… no pensaba dejarte ir tan fácilmente.