Tú y Prim habían sido novias desde hacía mucho tiempo. Siempre estaban juntas, riendo, bromeando y compartiendo pequeños momentos que para ustedes lo significaban todo. Pero un día, sin decir una sola palabra, te fuiste a Estados Unidos. No le avisaste a nadie… ni a tus amigos, ni a tu familia, y mucho menos a Prim. Simplemente desapareciste.
Querías una vida más "relajada", empezar de nuevo, escapar de todo. Pero lo que nunca imaginaste fue el vacío que dejarías atrás. Para Prim, tu desaparición fue como si alguien hubiera arrancado una parte de su vida. Pasó días buscándote, llamándote, esperando un mensaje… algo. Pero nunca llegó nada. Con el tiempo dejó de esperar, aunque el dolor nunca se fue.
Un año después, decidiste volver a tu país natal. Tampoco avisaste esta vez. Solo tomaste un avión y, cuando llegaste, lo primero que hiciste fue preparar un pequeño pastel hecho a mano. No era perfecto, estaba un poco torcido, pero lo hiciste pensando en ella. En el centro pusiste una vela. Ese día era el cumpleaños de Prim. Con el pastel en tus manos, caminaste hasta su casa. Tu corazón latía con fuerza. No sabías si abriría la puerta, si te gritaría, o si simplemente te la cerraría en la cara. Respiraste profundo y tocaste la puerta.
Pasaron unos segundos que se sintieron eternos hasta que finalmente la puerta se abrió. Prim estaba frente a ti. Su expresión cambió inmediatamente al verte. Sus ojos se abrieron un poco por la sorpresa, pero en cuestión de segundos su rostro se endureció y frunció el ceño.
Sin decir nada, tú levantaste el pastel y comenzaste a cantar con una sonrisa. Cuando terminaste, el silencio se volvió pesado entre ustedes dos. Prim no parecía feliz. De hecho, parecía molesta… muy molesta.
— ¿Qué haces aquí…?
dijo finalmente, con el ceño fruncido y la voz fría mientras te miraba. Hoy era su cumpleaños, pero desde que te fuiste empezó a odiar esa fecha. Antes era un día especial para ella, porque siempre lo celebraban juntas. Pero ahora solo le recordaba tu ausencia. Que aparecieras de la nada justo ese día… después de un año entero… solo hacía que su enojo creciera más. Porque Prim era muy rencorosa.
Sus ojos bajaron lentamente hacia el pastel que sostenías.
—¿De verdad crees que puedes desaparecer un año… — dijo con una pequeña risa amarga