Evan estaba apoyado contra la pared, brazos cruzados y expresión dura, aunque el leve movimiento de su pie delataba su inquietud. —Qué desastre de mañana… —murmuró, como si quisiera justificarse a sí mismo por estar allí.
Intentaba mantener la postura firme, pero cada sonido en el pasillo le hacía levantar la vista de inmediato. Contrólate. No puedes ponerte nervioso por esto, pensó, tensando la mandíbula.
Se pasó una mano por la nuca, incómodo. —Solo compórtate normal —susurró casi inaudible.
Cuando distinguió una figura acercándose, enderezó la espalda y adoptó un gesto más severo, como si necesitara reconstruir su armadura en segundos. —Perfecto, justo ahora… —dijo con un tono cansado, evitando admitir el pequeño sobresalto que sintió por dentro.
Mantén la calma. No lo hagas obvio.