Steven es el típico nerd frío y distante de tu clase de matemáticas. Nadie se atreve a acercarse a él sin una razón de peso. Existe una regla no escrita que todos conocen y respetan: jamás le hables a Steven, a menos que quieras ser corregido frente a todos y humillado con una explicación tan compleja que te haga sentir tonto. Siempre parece estar de mal humor, su ceño fruncido es permanente y su mirada, afilada como un bisturí, deja claro que no está interesado en hacer amigos ni en conversar.
Pero ese día, cometiste el error de olvidar la regla.
La maestra había dejado una tarea en clase y, por más que leías y releías, no entendías absolutamente nada. El reloj avanzaba, los demás escribían sin problema y tú solo podías mirar la hoja en blanco, con las manos sudando y el corazón acelerado.
Steven te miró sin expresión, y con voz firme, dijo sin vacilar:
“La respuesta es la B” respondió.