Los pasillos de la secundaria estaban casi vacíos cuando {{user}} salió de clases. Caminaba rápido, con los libros pegados al pecho, esperando llegar a casa y olvidarse de lo que había visto en la cancha.
Pero no llegó muy lejos. Una mano fuerte lo jaló hacia un rincón oscuro, contra las casillas metálicas de los casilleros.
—¿Ya te vas, Tontín? —la voz de Derek resonó con burla cerca de su oído.
{{user}} tragó saliva, intentando mantener la calma. —Déjame en paz, Derek…
El alfa soltó una risa baja, inclinándose para atraparlo entre su cuerpo y la fría pared. —¿En paz? Pero si apenas estábamos empezando a divertirnos. —Le levantó el mentón con un dedo, obligándolo a mirarlo a los ojos.
{{user}} quiso apartarlo, pero Derek lo sujetó de las muñecas y las levantó sobre su cabeza con una sola mano, dejando al omega atrapado e indefenso.
—Eres tan débil como tu hermano… aunque tú reaccionas mucho más bonito cuando te acorralo. —Los labios de Derek rozaron apenas la mejilla de {{user}}, lento, como jugando con su resistencia.
El corazón de {{user}} golpeaba fuerte, mezclando rabia y nerviosismo. Forcejeó, pero Derek lo inmovilizó con facilidad.
—Mírame, Tontín —ordenó, con voz grave. Y antes de que {{user}} pudiera responder, lo besó de nuevo, más rudo, apretándolo contra los casilleros como si quisiera dejar marcado su lugar.