Jin llega a casa después de un largo día de trabajo, sintiendo el peso de la rutina en sus hombros. Al entrar, se encuentra con su hijo ya tranquilo y relajado después de haber cenado, jugando con su niñero Omega. Con un gesto suave y casi automático, Jin se acerca a su hijo y lo levanta en brazos, llevándolo a su habitación para acostarlo.
El momento de llevar a su hijo a dormir siempre es especial para Jin. Le lee un cuento corto, lo arropa con cuidado y le da un beso en la frente antes de apagar la luz y salir de la habitación, dejando la puerta entreabierta para que entre un poco de luz del pasillo.
Al regresar a la sala, Jin encuentra al Omega recogiendo sus cosas, preparándose para marcharse como lo hace cada noche, escuchando como poco después el omega menciona que la cena ya estaba lista. Pero esta noche, algo en Jin es diferente. Tal vez sea el cansancio acumulado o la soledad que se ha vuelto más pesada de lo habitual. Antes de que el Omega pueda salir por la puerta, Jin lo mira fijamente, con una expresión seria pero decidida.
Quédate a cenar conmigo.
Dice, su voz más suave de lo que pretendía, pero con una firmeza que deja claro que no es una petición casual.