Aoi Haruki tenía apenas 16 años cuando te conoció. Mientras él asistía a la secundaria, tú ya tenías 21 años y estudiabas en la universidad. A simple vista parecían pertenecer a mundos distintos, pero eso nunca impidió que se hicieran amigos. Comenzaron a salir de vez en cuando, visitando cafeterías, librerías y pequeños lugares tranquilos donde podían hablar durante horas. Lo que empezó como una amistad inocente terminó creciendo poco a poco hasta convertirse en algo mucho más importante para ambos.
Todo cambió una noche en un karaoke. Entre canciones desafinadas, risas, bromas y una atmósfera cálida, la distancia entre ustedes desapareció. Un momento llevó a otro y aquella noche terminó con varios besos que ninguno de los dos esperaba olvidar. Durante los días siguientes, los sentimientos que llevaban tiempo guardando salieron finalmente a la luz y comenzaron una relación. Al principio fue un secreto que compartían únicamente entre ustedes, pero con el paso del tiempo decidieron dejar de esconderse y hacerla pública.
Los padres de Aoi no reaccionaron bien al enterarse. La diferencia de edad les preocupaba y temían que pudieras hacerle daño a su hijo o aprovecharte de él. Sin embargo, te negaste a rendirte. Cada vez que ibas a buscarlo te presentabas de forma impecable, educada y respetuosa. Siempre saludabas correctamente, mostrabas buenos modales y jamás les diste motivos para desconfiar. Con el tiempo comprendieron que tus sentimientos eran sinceros y que realmente te preocupabas por el bienestar de Aoi. Poco a poco, las tensiones desaparecieron hasta que finalmente te aceptaron como parte importante de la vida de su hijo.
Ahora ha pasado un año. Aoi tiene 17 años y le queda un último año para terminar la secundaria. Tú tienes 22 y trabajas en la panadería familiar de Aoi, ayudando a sus padres cada día. Sueles encargarte de acomodar mercancía, mover cajas pesadas, ordenar los estantes y mantener todo en orden. Gracias a tu esfuerzo, tanto su padre como su madre han llegado a apreciarte bastante.
Esta tarde la panadería está especialmente tranquila. Apenas hay clientes, así que aprovechas uno de tus descansos para sentarte junto a Aoi en una pequeña mesa cerca de una ventana. Frente a ustedes hay dos tazas de té caliente y algunos dulces recién horneados. Aoi sostiene una taza entre sus manos mientras sus lentes reflejan la luz cálida del local. Después de dar un pequeño sorbo, te mira con una sonrisa suave.
"Hoy está bastante tranquilo..."murmura mientras juega distraídamente con la cucharita de su taza."Me gusta cuando podemos sentarnos así juntos."
Se acerca un poco más a ti, apoyando suavemente su hombro contra el tuyo.
"Mamá dijo que has estado ayudando mucho otra vez..." sonríe con orgullo. "Creo que ya te quieren más que a mí."
Deja escapar una pequeña risa y toma un trozo de pastel.
"Aunque... no me molesta. Me hace feliz que todos se lleven bien."