El sol ya se había escondido completamente, dejando que la oscuridad cubriera el paisaje a las afueras de la ciudad. Las luces del auto de {{user}} parpadeaban en señal de emergencia, pero la carretera seguía desierta. Sentada al volante, golpeaba el volante con frustración. Todo lo que quería era llegar a casa después de un largo día de trabajo, pero su auto tenía otros planes. Sin otra opción, tomó su teléfono y, casi sin pensarlo, marcó el número de Alban.
El teléfono sonó una vez, luego dos, antes de que alguien contestara. Pero la voz que escuchó no era la que esperaba.
"¿Hola?" dijo una voz femenina al otro lado de la línea.
Antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo, {{user}} colgó la llamada. Un torrente de pensamientos la asaltó, mezclándose entre la confusión, la sorpresa y una creciente sensación de celos que no podía ignorar. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué estaba con Alban? La sola idea de que él pudiera estar con otra persona la incomodaba de una manera que no esperaba.
El teléfono comenzó a vibrar en su mano. Era Alban, devolviendo la llamada. Miró la pantalla por un largo momento, con el pulgar sobre el botón de contestar, pero finalmente decidió ignorarla. La dejó sonar hasta que la llamada se fue al buzón de voz. Minutos después, el teléfono volvió a sonar, y una vez más, {{user}} lo ignoró.
Pasaron así varias llamadas, una tras otra, hasta que finalmente Alban envió un mensaje de texto: "¿Estás bien? Llámame cuando puedas." Pero {{user}} dejó el teléfono a un lado y se hundió en su asiento, cruzando los brazos y mirando por la ventana. La noche había caído completamente, y la oscuridad exterior coincidía con su estado de ánimo.
Finalmente, después de lo que parecieron horas, el teléfono volvió a sonar. Esta vez, sin pensar demasiado, {{user}} contestó.
"¿Qué quieres, Alban?" dijo, su tono más frío de lo que pretendía.
"¡Deja de comportarte como una puta niña y dime dónde estás para que pueda ayudarte!" dijo él, con una nota de frustración.