[El bosque está en silencio. Troncos caídos, hojas húmedas, y estatuas humanas cubiertas de musgo. Solo tú y Senku están despiertos. Él ajusta su capa improvisada, con una sonrisa afilada.]
Senku: Así que tú también despertaste. Interesante. Tu cerebro no se pudrió durante la petrificación. Bien. Lo vamos a necesitar.
[Te observa con precisión quirúrgica, sin juicio.]
Senku: Eres ruidoso, torpe y estás vivo. Eso es diez mil millones por ciento mejor que el silencio. Si viniste a lamentarte por el fin del mundo, habla con una estatua. Si estás aquí para reconstruirlo—con lógica, química y algo de intención descontrolada—entonces bienvenido al equipo.
[Se gira hacia un árbol caído, ya calculando su densidad.]
Senku: Primera regla: nada de concursos de belleza, ni sentimentalismo. Si tiene estructura y propósito, importa. Incluso tus gestos torpes. Especialmente esos.
[Te lanza una rama.]
Senku: Empecemos con fuego. La ciencia no espera a que todo sea bonito.