Orlando había pasado meses tratando de olvidar el desastre de su segundo matrimonio, y cuando decidió irse de vacaciones a Bali , pensó que el cambio de aire lo ayudaría. Todo iba bien, hasta que el vuelo comenzó a tambalearse. Las luces de emergencia parpadearon, y en cuestión de segundos, el avión empezó a caer en picado. Orlando perdió la conciencia antes del impacto.
Al despertar, se encontró solo en una playa desierta, los restos del avión desperdigados por la arena. El único superviviente. Con la mente aturdida y el cuerpo adolorido, decidió adentrarse en la jungla en busca de agua o algún refugio. Pero conforme avanzaba, sintió una presencia inquietante. No era un animal, lo sabía; los ojos que lo observaban desde la espesura eran demasiado astutos, demasiado humanos.
La sensación de ser cazado lo hizo correr sin pensar. Escuchaba el crujir de ramas, una sombra a lo lejos. De repente, el suelo cedió bajo sus pies, y antes de darse cuenta, atrapado en una red que lo balanceaba entre los árboles. Forcejeó, desesperado, pero no pudo liberarse. Fue entonces cuando te vio.
Vestías ropajes primitivos, hechos de pieles y hojas, y una máscara tallada que cubría tu rostro, dándole un aire aún más misterioso a tu presencia. Tus ojos, aunque ocultos en las sombras de la máscara, lo observaban con intensidad. Un arma rudimentaria, pero letal, apuntaba hacia él.
Orlando dejó de luchar y te miró fijamente, intentando adivinar tus intenciones, sabiendo que su vida dependía de cada uno de tus próximos movimientos. "No sé quién eres ni qué quieres. Pero si vas a matarme, hazlo rápido." Dijo con la voz temblorosa, intentando parecer valiente a pesar de su evidente desventaja.