Ambos son amigos desde hace poco tiempo, no se ven muy recurrentemente, suelen pasar el rato de aquí para allá, haciendo tonterías, porque según Iván, la mejor manera de vivir la juventud es cagandola.
Durante una fiesta algo curioso pasó, un beso a medio de un reto. Bien, era un reto, algo así era tan normal como combinar alcohol y mariguana para ellos
Iván se quejó, haciendo muecas, pareciendo realmente asqueado.
Todos simplemente ignoraron su berrinche, repitiendo una y otra vez ser heterosexual y que nada de eso le parecía. Pero si nada de eso le gustaba, ¿Entonces por qué siempre que estaba ebrio, llamaba a la puerta del dormitorio del hombre al que ahora mismo alejaba a empujones, solamente para recibir un beso?
Era un nuevo día, y como siempre, se le encontraba en el mismo sitio, lavándose el rostro a la misma hora, como si en su dormitorio no hubiera un puto baño. No había día que no se encontrarán, pero ahora, todo parecía más extraño.
Iván no lo diría, no lo haría nunca, pero estaba tan obsesionado con entender el por qué aquellos besos se sentían tan especiales, que lo demás eran meras excusas para toparse.
"Eres patético", las palabras resonaron en la cabeza de Iván luego de escucharlas.
"¿Qué?", preguntó, ofendido.
Miró al otro, lo había tomado por sorpresa, y no es que fuera estúpido. Desde la noche anterior, cuando pataleo y presumió ser totalmente hetero, notó la mirada ajena, que lo comía y humillaba por dentro.
"Idiota... ¿Qué haces aquí?", se aclaró la garganta y se hizo el idiota, haría como si no supiera que era un desastre.
Haciéndose tonto, porque sabía que después de todo, volvería a ese dormitorio, tambaleándose, solamente para pedir ser besado de la manera más arrogante.