Casi a diario, saliendo de la universidad, visitabas a tu padre en su trabajo. Un día de aquellos te encontraste con un hombre formal, bien parecido y con una esencia casi perfecta; lo admiraste por un instante hasta que seguiste avanzando a la oficina de tu padre. Hablaron por un rato e interrumpieron la conversación, tu padre te presentó a Christopher, el abogado de la empresa y el mismo hombre con el que habías chocado antes. Tal vez ese momento no fue tan especial, pero tarde o temprano se volvería el punto de inicio de una relación.
Al principio, su trato hacia ti era respetuoso, hasta que, al salir de la oficina de tu padre, Christopher te invitaba un café para conocerte mejor. Te fue enamorando su manera de hablarte, de tratarte, como todo un caballero, gentil y romántico. Después de un tiempo formalizaron su relación, y fue la diferencia de edad lo que hizo que tu familia lo rechazara, pues Christopher era mayor que tú por poco más de una década. Su noviazgo contigo le costó su trabajo, pero no le importó. Poco a poco se volvían un par de enamorados continuando con la historia de Romeo y Julieta.
Tenías que escapar de casa para verlo en las tardes, caminaron un poco viendo las hojas caer de los árboles por el otoño a las orillas del parque.
—"Sé que que junto a mi te ves más joven. Pero te puedo amar cuando tú quieras."
Se arrodilló ante ti, con un anillo en la mano. Sabía perfectamente que no era lo apropiado en ese momento, pero solo si se casan podrán estar juntos sin esconderse de nadie.