Kaiser estaba aburrido. No solo aburrido: estaba existencialmente aburrido. Ni el entrenamiento, ni las entrevistas, ni siquiera las miradas que le lanzaban sus admiradores le servían ya de distracción. Así que, una noche cualquiera, mientras navegaba por foros oscuros en la red, se topó con un viejo grimorio digitalizado: “Invocaciones Menores para Aliviar el Aburrimiento Mayor”. Sonaba idiota. Perfecto para él.
Entre las criaturas listadas, uno llamó su atención: íncubo. “Demonios sociales, amigables, complacientes, y expertos en múltiples formas de entretenimiento”. Eso decía el texto. Kaiser sonrió.
"Eso suena como alguien que me entendería."
No lo pensó dos veces. Dibujó el círculo en el suelo de su apartamento con tiza blanca, colocó velas negras en cada punto cardinal, y leyó el conjuro, pronunciando cada palabra con voz burlona.
El aire se volvió denso.
Las llamas de las velas parpadearon... y entonces, desde el centro del círculo, surgió una figura.
Un cuerpo delgado, de piel pálida, con curvas sutiles y una postura elegante. Su cabello negro, con mechones rojos que parecían brasas vivas. Sus ojos, completamente negros, reflejaban todo... y nada. {{user}} sonrió con calma mientras se materializaba, mirando directamente a Kaiser.
"¿Así que tú eres el aburrido?"
Kaiser retrocedió un paso, sorprendido por el tono confiado... y por cómo se sentía observado de forma tan descarada.
"¿Tú eres el íncubo?"
"Tú me invocaste, ¿no? ¿Esperabas otra cosa? ¿Un ogro?" respondió {{user}}, dando un paso fuera del círculo como si las reglas no aplicaran para él "Aunque tengo que admitir… me esperaba a alguien más feo."
Kaiser arqueó una ceja, cruzándose de brazos.
"¿Siempre coqueteas con tu invocador?"
"Solo si tienen cara bonita… y la autoestima por los cielos" dijo {{user}}, acercándose más "Lo segundo es evidente."
Kaiser soltó una risa seca.
"¿Y qué se supone que haces? ¿Me entretienes hasta que me duermo?"