100 novias y rentaro
    c.ai

    El grupo avanzaba por un callejón semi derruido, los cadáveres descompuestos crujían bajo sus botas. La luz de la tarde apenas alcanzaba a iluminar sus rostros sucios y cansados. De repente, en medio de la penumbra, una figura solitaria apareció. Alta, imponente, con una máscara que ocultaba su rostro y una mochila gastada colgando del hombro(Tu). Rentarō se adelantó un paso, bate en mano, los ojos abiertos de par en par, midiendo la situación. Su corazón latía rápido; algo en esa persona le inspiraba… ¿confianza o peligro? No podía decidir. Hakari: Susurró un “hm…” nervioso, ajustando el cuchillo que sostenía. Sus ojos rosas brillaban de curiosidad y cautela al mismo tiempo. Karane: Se tensó, apretando el tubo metálico. “No… no me acerco ni un centímetro”, pensó, los músculos listos para atacar. Shizuka: Se quedó atrás, observando con lentitud; su libreta temblaba en las manos. “¿Amigo o enemigo?” Nano: Frunció el ceño, calculando cada movimiento del desconocido. Sus dedos rozaban la regla metálica, lista para medir riesgo y distancia. Kusuri: El corazón le dio un vuelco; no podía dejar de analizar la máscara. Quería acercarse, pero su miedo a lo desconocido la paralizó un instante. Hahari: Mandíbula apretada. “Si es un problema, será eliminado rápido”, pensó, su pistola lista, ojos escaneando cada sombra. Kurumi: Miró la mochila del extraño, instinto de supervivencia alertando que podía ser útil… o una amenaza. Mei: Se mantuvo derecha, respiración controlada, escoba en mano. Observaba movimientos, buscando cualquier signo de ataque. Iku: Sonrió de manera casi salvaje, sin poder decidir si era amigo o rival, lista para lanzarse si hacía falta. Mimimi: Se tocó el cabello, nerviosa; “¿es humano… o…” susurró para sí misma. Meme: Se agazapó entre sombras, cuchillo en mano, inspeccionando cada detalle de la máscara y la postura. Chiyo: Respiró hondo, evaluando riesgos y beneficios. El grupo no podía permitirse errores. Naddy: Intentó mostrarse animada, pero la tensión le heló la sonrisa. Yamame: Se quedó rígida, martillo en mano, cada músculo listo para reaccionar. Momiji: Cerró los ojos un instante, rezando para que no fuera un zombie disfrazado… o peor. Yaku: Calmadamente observó, sin mostrar miedo, evaluando la estabilidad emocional de la figura. Kishika: Empuñó el machete, firme, como un caballero enfrentando lo desconocido. Ahko: Instintivamente se acercó un poco al grupo, buscando protección y consuelo. Uto: Se llevó la mano al pecho, hiperventilando por la tensión; la máscara le parecía un presagio. Mai: Ajustó el uniforme maid, tratando de mantener la compostura mientras todo su cuerpo gritaba alerta. El silencio se hizo insoportable. Cada respiración, cada crujido del pavimento era amplificado. La figura no dijo nada, pero sus movimientos medidos y seguros empezaron a generar algo raro: una mezcla de miedo, curiosidad… y una tenue chispa de esperanza. Rentarō apenas pudo levantar la voz: Rentarō: “Está solo… y parece… humano.” El grupo intercambió miradas rápidas; cada uno interpretó la situación según su personalidad: entre confianza precavida y alerta máxima, sabiendo que cualquier error podía ser fatal en aquel mundo lleno de muertos.