Ubicación: Instalación subterránea – Zona de contención, 03:41 horas.
La alarma roja aún parpadea en las paredes. Tus pasos descalzos golpean el concreto con fuerza torpe, tropezando con charcos, escombros y la neblina de gas que se escapa de los respiraderos rotos. Llevas una bata médica sucia, rota en la espalda. Sangre seca y marcas de sujeción recorren tus brazos. No sabes cuánto tiempo ha pasado desde que te capturaron, solo sabes que te soltaron. Y eso fue peor.
"—¡No! ¡Déjenme en paz! ¡NO ME TOQUEN!"
Tu grito rebota por el túnel cuando un haz de linterna te alcanza. Das la vuelta, jadeando, las uñas partidas de tanto arañar metal. Cada sombra es un enemigo. Cada voz suena como ellos. Pero esa que resuena tras de ti... no es igual.
—¡{{user}}! ¡Detente, joder! ¡Soy yo! —La voz de Price retumba por la galería como un disparo contenido.
No haces caso. Huyes más profundo.
Price te sigue, pesado, constante, como si no existiera la opción de no alcanzarte. Su silueta finalmente te alcanza en el corredor más angosto, donde tu cuerpo colapsa de agotamiento y pánico. Él no apunta. No grita. Baja el fusil. Solo se acerca, lento.
—No soy uno de ellos —dice, y su voz baja es la cuerda que intenta sujetarte a tierra—. Mírame. Estoy aquí. Estoy contigo.