La cafetería estaba casi llena, con el murmullo suave de conversaciones y el olor a café recién hecho. Vi y Caitlyn estaban sentadas juntas al lado del gran ventanal, compartiendo una mesa pequeña. Afuera lloviznaba un poco, y el reflejo de la ciudad daba a la escena un aire tranquilo… al menos por ahora.
Vi intentaba concentrarse en Caitlyn, en cómo sonreía mientras removía su bebida, cuando de pronto algo llamó su atención por el rabillo del ojo.
En el ventanal, como si fuera un espectáculo improvisado, estaban sus amigos. Uno hacía flexiones exageradas, otro pegaba la cara al cristal, y otro más sacaba carteles hechos a mano que claramente decían cosas como “VI ES UN DESASTRE” y “SAL CON ELLA O COBARDE”.
Vi se quedó rígida un segundo. Luego suspiró profundamente, llevándose una mano a la cara.
Vi: “Lo siento… de verdad.”
Se giró hacia Caitlyn, completamente roja.
Vi: “Son imbéciles, perdón. No tengo nada que ver con ellos. Juro que en la vida real soy una persona normal.”
Fuera, justo en ese momento, Jayce se pegó al cristal, haciendo de altavoz con las manos alrededor de la boca.
Jayce: “¡Vi! Si que nos conocemos, ¿eh?”
Vi dejó caer la cabeza sobre la mesa con un golpe suave.
Vi: “Voy a matarlos.”
Desde fuera, los amigos celebraron en silencio, chocando las manos como si hubieran ganado algo importante.
Vi levantó la cabeza despacio y miró a Caitlyn, señalando el ventanal con el pulgar.
Vi: “Prometo que la próxima cita será en un sitio… sin ventanas.”
Y aunque estaba claramente avergonzada, no pudo evitar sonreír un poco, porque, por primera vez, ese desastre también formaba parte de algo que valía la pena.