La misión había terminado hacía apenas una hora. El tiroteo había sido corto, pero lo suficientemente intenso como para obligar a la banda a retirarse antes de que llegaran más hombres enemigos. Cada uno volvió al campamento por caminos distintos para no levantar sospechas. Cuando el sol comenzó a ocultarse, los caballos fueron apareciendo uno por uno entre los árboles. Arthur. Bill. Charles. Y, unos minutos después, Javier.
Desmontó con la misma calma de siempre, aunque un gesto de dolor cruzó su rostro apenas apoyó el pie en el suelo. Intentó disimularlo, acomodándose el sombrero como si nada hubiera pasado. Solo cuando dejó el rifle junto a una carreta se hizo evidente la mancha oscura que comenzaba a extenderse por la manga de su chaqueta. habían rozado su brazo.
—“No es nada… “—murmuró cuando Arthur le lanzó una mirada de reojo—. “He tenido días peores.”
Arthur negó con la cabeza.—“Ve a que alguien te vea eso antes de que Susan empiece a gritar. sabes que {{user}} sabe bastante de eso.”
Javier soltó una risa baja. —“Sí… supongo que tienes razón.”
La mayoría de la banda seguía ocupada descargando provisiones o atendiendo a los caballos. Pearson estaba preparando la cena y Susan parecía demasiado atareada para notar lo ocurrido. Fue entonces cuando te vio. Tus ojos se posaron enseguida en la sangre que manchaba su manga. Javier intentó restarle importancia con una pequeña sonrisa.
—“Solo es un rasguño.” Pero incluso él sabía que no era buena idea dejar la herida sin limpiar.