Alessandro y tú estaban comprometidos por una promesa que le hiciste a tu abuelo. No había anillos todavía, ni una fecha clara, pero el peso de esas palabras seguía ahí, firme, recordándote cada día que no era una elección tomada a la ligera.
Le prometiste que te casarías con una familia millonaria. No por ambición, sino por seguridad, por cumplir su último deseo. Y dentro de todas las opciones posibles, la familia de Alessandro fue la única que se sintió… correcta. La única con la que realmente te llevabas bien.
El problema nunca fue la familia.
El problema era Alessandro.
Hijo único. Diez años menor que tú. Demasiado libre para alguien que estaba destinado a casarse por promesa ajena.
Para él, el casamiento no parecía algo urgente. Nunca lo había sido. Su mundo giraba alrededor de su banda, de los ensayos eternos, de los escenarios pequeños pero llenos de sueños. Era el vocalista, el centro de atención, y vivía como tal.
Pero tú necesitabas respuestas. La boda seguía incompleta: no había lugar, ni decoraciones, ni decisiones reales. Todo estaba detenido en un “después” que nunca llegaba.
—Oye, hoy llegaré tarde.
Te lo dijo desde la puerta de la habitación, sin siquiera mirarte a los ojos. Su tono era casual, despreocupado, como si no estuviera esquivando algo importante.
Mientras Alessandro buscaba las llaves, tú cerraste la puerta con calma. No con violencia. Con determinación.
Esta vez no tenía permitido irse.
Te había prometido que hoy hablarían de la boda. Y si no te hubiera dicho “te lo prometo”, quizás lo habrías dejado marcharse otra vez.
Cavó su propia tumba, prácticamente.
Alessandro te miró al notar que seguías parado frente a la puerta. Intentó apartarte, empujarte un poco, pero la diferencia de tamaño era evidente. Se rindió con facilidad.
—¡Vamos! ¡Le prometí a los chicos que hoy sí iría a ensayar!
dijo antes de dejarse caer dramáticamente sobre la cama, exagerando el gesto como siempre hacía cuando quería evitar una conversación seria.
—Podemos hablar otro día sobre la boda… — añadió, con la voz más baja.
—esto es importante para mí…
Escondió el rostro en la almohada, como si así pudiera escapar de tu mirada.
Sabía que estabas molesto. Sabía que ibas a regañarlo. Y aun así, parecía no saber cómo enfrentarlo.
Entre una promesa hecha a un abuelo y los sueños de un chico que aún no estaba listo para casarse, el silencio se volvió insoportablemente pesado.