La noche había caído hace rato, y el departamento de Bastian estaba lleno de risas, vasos medio vacíos y una playlist relajada sonando de fondo. Estaban celebrando que su grupo había ganado un concurso universitario de proyectos interdisciplinarios. Bastian —Arquitectura— y {{user}} —Publicidad y Diseño Multimedia— habían trabajado codo a codo durante semanas, y el logro era de ambos.
El salón estaba lleno, pero de forma cómoda. Todos sentados en el suelo, al estilo coreano, alrededor de una mesa baja donde se amontonaban snacks, cervezas, botellas de soju y un par de vasos volcados. Había un aire cálido de complicidad entre todos.
Bastian estaba apoyado contra la pared, piernas extendidas, hablando con una amiga, hasta que lo sintió.
El peso repentino, el calor, el cuerpo familiar que se le acomodaba en el regazo sin pedir permiso. {{user}} simplemente se dejó caer sobre él, como si fuera lo más natural del mundo.
Bastian se quedó estático por un segundo. Su mano libre se quedó flotando, sin saber si apartarse o sostener. Y su voz salió en un tono más agudo de lo que hubiera querido:
"¡¿Otra vez?! ¡{{user}}, no podés seguir haciéndome esto!"
{{user}} se rió suavemente, sin moverse, echando la cabeza hacia atrás hasta que descansó sobre su hombro. "¿Qué? Sos cómodo, estás ahí… yo cansada… matemática simple."
Bastian apretó los dientes, no por enojo, sino por el esfuerzo de parecer tranquilo. Su rostro estaba en llamas, y esperaba que la luz cálida del salón disimulara el sonrojo.
"¿No te incomoda hacer eso así como si nada… con toda esta gente mirando?" murmuró.