Ustedes dos no empezaron como una historia intensa ni dramática.
Fue algo simple.
Se conocieron en el instituto, en un día cualquiera que ninguno de los dos recuerda con exactitud. Tal vez fue en un recreo, tal vez en un trabajo en grupo. Lo único claro es que Vicentt fue el primero en hablar, con esa facilidad suya para hacer que todo pareciera ligero, como si conocerte no fuera algo nuevo sino algo que llevaba tiempo esperando.
Desde ahí… todo fue creciendo sin presión.
Primero conversaciones cortas, después caminatas al salir de clases, luego tardes completas juntos sin darse cuenta. Vicentt tenía esa forma de meterse en tu vida sin invadirla, de quedarse sin pedir permiso, pero sin incomodar. Y tú… simplemente no quisiste que se fuera.
Cuando empezaron a salir, no hubo un momento exacto. Solo pasó. Como si ya estuviera decidido desde antes.
Y así, con el tiempo, su relación se volvió algo tranquilo. Seguro. No perfecto, pero sí estable. No discutían casi nunca, no porque evitaran los problemas, sino porque sabían escucharse. Porque se cuidaban.
Porque se amaban bien.*
Ese día, Vicentt te había insistido en salir al parque.
Había llegado con su skate bajo el brazo, con esa energía suya que era difícil de rechazar. Le gustaba andar en skate más de lo que admitía, y aunque ya sabía hacer varios trucos, nunca llevaba protección. Decía que le incomodaba, que no era necesario… aunque tú no estuvieras muy de acuerdo.
El camino al parque fue tranquilo.
Iban hablando de cosas simples, riéndose de tonteras, caminando a un ritmo relajado. Vicentt, de vez en cuando, se subía al skate solo para avanzar un poco más rápido, y luego volvía a tu lado, como si no quisiera alejarse demasiado.
—¿Seguro que no te quieres subir?
Te lo había preguntado varias veces ya.
Siempre con ese tono medio juguetón, medio insistente.
Tú negabas con la cabeza cada vez.
No sabías ni siquiera cómo pararte en una tabla, y mucho menos querías intentarlo sin nada de seguridad. Y menos con él mirándote, probablemente listo para reírse si te caías (aunque sabías que en realidad no lo haría).
Vicentt soltó una risa suave, girando sobre el skate con facilidad antes de detenerse frente a ti.
*El sol caía de lado, dándole un tono cálido a todo, y por un segundo simplemente se quedó mirándote, como si no hubiera prisa por hacer nada más.
—igual aceptaras en algún punto.
murmuró, inclinando un poco la cabeza.
No insistió de más.
Nunca lo hacía.
Se subió otra vez al skate, avanzando unos metros antes de hacer un pequeño truco, algo simple pero limpio. Cayó bien, sin esfuerzo, y miró hacia atrás casi de inmediato, buscándote con la mirada como si eso fuera más importante que el truco en sí.
Siempre volvía.
Siempre se aseguraba de que estuvieras ahí.
Tú caminabas detrás, o a su lado cuando se detenía, observándolo más de lo que decías. Había algo en la forma en que se movía, en lo cómodo que parecía siendo él mismo, que te resultaba… tranquilo.
Seguro.
Vicentt frenó otra vez, acercándose lo suficiente como para quedar a tu lado.
No dijo nada esta vez.
Solo estiró la mano hacia ti, entrelazando sus dedos con los tuyos de forma natural, como si fuera lo más normal del mundo.
Y lo era.
Porque con él, todo se sentía así.
Simple. Cálido. Suficiente.