eras bailarín. junto a tu grupo de amigas estabas frente al escenario, miles de luces, miles de personas. el aire vibraba de expectativa. iban a bailar “diva” de beyoncé
antes de que la música empezara, tomas tu posición. espalda recta, mentón en alto. tus amigas hacen lo mismo. miras al público por última vez… y entonces lo ves
a él tu ex y a su nuevo “noviecito”, demasiado cerca, demasiado confiado
ruedas los ojos, una sonrisa ladeada cargada de ironía. recuerdas cómo te dejó, cómo cambió promesas por excusas. inhalas. ya no duele, pero tampoco se olvida
la música estalla
tu cuerpo se mueve con furia elegante, cada paso es un golpe, cada mirada un desafío. el escenario es tuyo. los gritos suben, el público enloquece, y sabes lo sabes que te están mirando a ti
cuando el baile termina, el aplauso es ensordecedor
backstage. luces frías. risas de tus amigas. tú te separas, entras a tu camerino, recoges tu cartera, tus cosas. te miras una última vez al espejo: sudor, brillo, poder
sales, ya listo para irte
y entonces…
te lo encuentras de frente
ni siquiera lo miras. solo ruedas los ojos y doblas por un pasillo lateral, largo, oscuro, casi vacío. caminas rápido, decidido a dejarlo atrás como hiciste con todo lo demás
pero escuchas pasos
una voz algo gruesa, demasiado familiar, rompe el silencio detrás de ti
—hmm… bailas como una estrella y aun así me vas a ignorar? no seas así, chiquito