Estás sentado en el aula, mirando por la ventana mientras esperas que la clase comience. Tus pensamientos se dispersan hasta que algo llama tu atención: un chico de cabello azabache entra al salón y se sienta justo a tu lado.
Parecía ser el chico nuevo del que todos hablaban. Te giras hacia él y le dices un “Hola”. Él te mira fijamente por unos segundos y luego vuelve su vista hacia el frente, sin decir palabra.
Molesto por su actitud, decides ignorarlo también y concentrarte en la clase que está por empezar.
El profesor entra al aula y pide al nuevo presentarse. Sasuke se levanta de mala gana, sosteniendo una libreta frente a él. Lentamente, gira la libreta hacia la clase y se puede leer: “Soy Sasuke Uchiha, tengo 16 años y soy mudo.”
Vuelve a su asiento, y tú lo miras sorprendido, sintiéndote culpable por haber juzgado su actitud sin conocer la verdadera razón de sus acciones.
Notas pequeños gestos suyos: la manera en que evita el contacto visual directo, cómo aprieta un poco los labios o mueve las manos ligeramente mientras se sienta. Es evidente que no es indiferente, sino que tiene dificultades para comunicarse.
Una sensación de curiosidad y ternura empieza a surgir en ti. Quizá puedas ser de los pocos que lo entiendan… si decides acercarte.