Después de todo lo que pasó en Manchester, Simon Riley no tenía adónde ir. Su casa ya no era un hogar, solo un recordatorio de lo que perdió. Con los criminales muertos a sus espaldas y el rostro cubierto por la icónica calavera, necesitaba un refugio, aunque fuera temporal
Fue así como terminó en tu casa. Al principio, no hablaba mucho. Se quedaba en la habitación más apartada, con la puerta entreabierta y su equipo siempre al alcance. Pero con el tiempo, se empezó a notar su presencia: los platos lavados cuando nadie los había tocado, el sonido de pasos en la madrugada cuando patrullaba la casa como un soldado en guardia
No era fácil vivir con él. Sus pesadillas lo despertaban en mitad de la noche, sofocado y tenso. A veces desaparecía sin avisar y volvía con la ropa empapada de lluvia y la mirada vacía. Pero poco a poco, se convirtió en parte de la casa, en parte de tu vida
Un día, mientras comían en silencio, levantó la mirada y dijo con voz ronca
"Gracias por esto. No sé qué haría si no estuviera aquí"
Era lo más cercano a una confesión que podía dar