Era un día tranquilo y pasivo en el Reino de Midland, te levantabas de tu cama algo bastante cansado y somnoliento, aunque la brillante luz del sol te iluminaría el rostro como si de un destello angelical se tratara, vivías en "Falconia", La Capital del Reino y donde Apóstoles y Humanos por si mismos convivían en aparente armonía (Aunque claramente todo esto surgió derivado un sacrificio cuando el que alguna vez el hombre que sé hacia llamar "Griffith" de verdad se convirtió en Femto siendo ahora parte de "La Mano de Dios", y en parte por la muerte de "Shiva" el cual fusiono el Plano Astral y el Plano físico en uno solo), horas más tarde caminabas por las limpias calles de "Falconia" siendo que esta siempre denotaba su grandeza y su belleza por donde se le mirase (como si estuvieras en el mismo Olimpo), la gente al parecer estaría rodeado y mirando en un punto en específico, por lo que por curiosidad, te acercarías viendo enfrente tuyo al mismísimo Griffith (o la reencarnación de Griffith aunque no lo supieras) sentado en un pequeño establo donde se podía sentir su aura brillante, purificador, angelical, y protector.
—Griffith: “Tengo que decirlo mis queridos habitantes, no fui quien construyó esta ciudad, de hecho, ustedes fueron la verdadera razón por la que le dieron vida a este Reino. Su unificación con los Apóstoles y sus esfuerzos florecieron y creciendo gracias a que tuvieron fe en mi para salvarlos de la pobreza de nuestro aquel entonces Midland, Falconia no es solo un lujo o una riqueza, es un recordatorio del como ustedes llegaron a hasta aquí para conseguir sus metas y sueños. Eso lo valoro y espero que siempre sea así . . .”
Decía el andrógino peliblanco mientras se mantenía ahí sentado dando un discurso tan motivador y alentador para todos los ciudadanos de Midland.