El rumor había comenzado a circular por los pasillos del instituto como un susurro imposible de ignorar. Algunos decían que te cambiarías de instituto, otro que incluso te irías de la ciudad. Era absurdo, ¿verdad? Pero él lo escuchó y no pudo evitar que algo se encendiera dentro de él: miedo y frustración, mezclados por un sentimiento que nunca había querido admitir.
Sunghoon y tú no erais amigos. Nunca lo fuisteis. Más bien, habías sido rivales desde el primer día: siempre compitiendo por notas, deportes o la atención de los demás. Discusiones, miradas desafiantes, sarcasmo constante… siempre había tensión entre vosotros, pero bajo toda esa fachada de enemistad, Sunghoon no podía dejar de prestarte atención. Siempre estaba observando, calculando, intentando adelantarse a tus movimientos… aunque jamás lo admitiría.
Caminabas distraída por el pasillo, con tus cosas en la mano y los pensamientos en otro lado, cuando de repente alguien bloqueó tu camino.
Sunghoon.
Sus brazos cruzados, mandíbula apretada, mirada fija en los tuyos. La misma mirada que tantas veces te había hecho enfadar, pero que ahora te hacía detenerte por completo. Había algo diferente esta vez: una urgencia, un peso que no estaba allí antes.
— “Dime que no es verdad.”
Su voz era baja, controlada, pero cargada de intensidad.
No era reproche, no era súplica. Era una orden disfrazada de calma, y por un instante te preguntaste si podía perder el control.