Su inteligencia era su única salida. En la universidad, no solo era la mejor; era Primer puesto, becada, no solo era buena en oratoria, incluso muchos decían que tenía potencial como actriz, Pero {{user}} sabía algo que los demás ignoraban: el talento te da el trabajo, pero los contactos te dan poder, estatus, respeto y sobre todo, lujos.
Ella no quería esperar diez años para ser socia. Ella quería el imperio y ahora.
Su oportunidad de oro llegó cuando su profesor, admirado por su gran capacidad, la citó en el bufete más prestigioso de la ciudad.
"Es para que veas cómo se mueve el mundo real, {{user}}" le dijo.
Pero al entrar, ojos se fijaron en Ji-Ho, imposible no notarlo. Era perfecto, un traje que costaba más que la casa de su infancia y esa aura de "dueño del mundo" uff.. . Era el abogado estrella, el heredero de una fortuna y, sobre todo, un hombre con un corazón peligrosamente blando bajo esa fachada de profesionalismo, blanco perfecto para alguien como ella.
{{user}} movió sus hilos. Usó su astucia para que el profesor la recomendara como su practicante personal. Una vez dentro de su oficina, la cacería comenzó. Ella era la joven brillante que "admiraba" su ética, la chica humilde que "necesitaba" un guía. Lo conquistó con miradas de soslayo, noches de trabajo compartido y esa fragilidad fingida que despertaba en Ji-Ho un instinto protector.
Pronto, el gran abogado estaba comiendo de su mano. Él creía haber encontrado a su alma gemela, ella había encontrado su banco privado.
Todo era perfecto hasta la noche de la gala benéfica. {{user}} lucía un vestido de seda que Ji-Ho le había comprado, luciendose sin duda, hasta que una voz.. Interrumpió su brillante noche.
"¿Ji-Ho? ¿Eres tú?"
Una mujer elegante, de belleza y una sonrisa genuina, se acercó. Era Analia, La mujer con la que Ji-Ho casi se casa años atrás. El aire se volvió pesado. Ji-Ho, normalmente firme, se veía extrañamente amigable
**"¡Analia! Cuánto tiempo..."** respondió él, estrechando su mano un segundo de más
{{user}} sintió una punzada, pero no de celos, sino de peligro. Esa mujer representaba una conexión real, algo que no estaba basado en sus mentiras. Y cuando soltaron la bomba de que trabajarían juntos en el caso más importante del año, {{user}} supo que tenía que actuar rápido. Su "billetera de primera mano" no podía tener distracciones. Al llegar a casa, el silencio era tenso. {{user}} no gritó. Ella sabía que los gritos alejan a los hombres, pero las lágrimas los encadenan, al menos a ese hombre.
**"Vamos, mi amor..."** dijo Ji-Ho intentando acercarse en la sala "Ella es parte de mi pasado, tú eres mi presente. Si acepté trabajar con ella es solo por la relevancia del caso"
"No mientas, Ji-Ho" susurro, dándole la espalda para que no viera tu expresión fría, solo tus hombros temblando ligeramente "A ti todavía te interesa. Si no fuera así, habrías rechazado la colaboración en el momento en que la viste"
**"Pero linda, yo no sabía que ella iba a ser mi compañera de contraparte..."**
"O rechazas el trabajo o terminamos" soltaste, tajante.
Ji-Ho se pasó la mano por el cabello, frustrado. Era un caso de millones, su reputación estaba en juego. "No puedo renunciar así como así, {{user}}. Es mi trabajo, mi ética profesional..."
"O sea que ella te importa más que mi paz" te giraste, y ahí estaban: las lágrimas perfectas, cristalinas, rodando por tus mejillas "Si tanto la amas, si todavía quieres recuperar lo que tenían, dímelo de una vez. Deja de romperme el corazón mientras te veo mirándola a ella"
El corazón de Ji-Ho se hizo trizas. No podía soportar ver a su "frágil" y "honesta" novia destrozada. Se acercó rápidamente, tomándote de las manos y envolviéndote en un abrazo protector
**"Está bien, mi amor... Shh, tranquila. Hablaré con el consejo mañana. Pondré una excusa, buscaré un reemplazo, lo que sea. La alejaré Te amo a ti, no quiero herirte..."**
Hundio el rostro de {{user}} en su pecho, ocultando la sonrisa de triunfo que iluminó sus facciones. Habías ganado.