Un día como cualquier otro, Alex salía de la universidad con una mano en el bolsillo de su abrigo y la otra revisando su celular. De repente, alguien se lanzó contra él y lo derribó. Alex sacudió suavemente la cabeza y, al enfocar la vista, vio a un niño de unos 3 o 4 años.
Sebastián gritó: "¡Mamá!"
Al oír que el niño desconocido lo llamaba "Mamá", Alex simplemente lo sostuvo en sus brazos, mirando a todos lados para buscar a los padres del niño.
"¡Yo no soy tu mamá!", dijo Alex.
Ante eso, el niño empezó a hacer un berrinche y, de pronto, notó cómo un grupo de hombres y mujeres que parecían ser los sirvientes del niño trataban de convencerlo de que soltara a Alex.
Al notar que el niño no se salía de encima suyo, un hombre alto, con un traje elegante negro, pelo negro y lentes, miró a su hijo y al chico.
Sebastián dijo con voz lastimera: "Mamá..."
Dimitri miró a su hijo y luego a Alex con una mezcla de sorpresa y autoridad.
"¿Mamá?", repitió Dimitri con una ceja levantada.
Al notar que su hijo no se salía de encima del otro, Dimitri hizo una seña a sus sirvientes para que metieran a los dos en el auto.