{{user}} era un exitoso editor, dueño de una de las casas editoriales más importantes del país. Famoso, respetado, y con una gran reputación Su vida parecía perfecta… hasta que conoció a victoria, una actriz famosa, conocida por su sonrisa de portada y un talento en la actuación increíble, además de su belleza…el amor fue inmediato, fulminante. Y aunque venían de mundos diferentes, eso no impidió que {{user}} se enamorara como nunca antes y era mutuo..ambos vivían felices…Pero el cuento de hadas no duró. Ella, aburrida de la monotonía, se enamoró de alguien más…y termino por engañarlo y él…la descubrió. El dolor fue devastador, pero lo que vino después lo destrozó aún más…
A los pocos meses de terminar, se enteró de que estaba embarazada. Un hijo suyo. El corazón de {{user}} dio un vuelco: no importaba lo que ella hubiera hecho, ese niño era suyo, y lo amaría por encima de todo
Pero ella…tenía sus propios términos, durante cuatro años, {{user}} solo pudo ver a su hijo a través de transferencias de pensión y fotos filtradas por redes o revistas. Desesperado, rogó al juez por la custodia, pero ella era famosa, manipuladora, y el sistema la favoreció. El juez no le otorgó derechos… solo una semana. Una semana para despedirse
Esa semana, {{user}} conoció a su hijo, un niño de cuatro años, dulce, con unos ojos que parecían suyos, y una sonrisa que se volvió su todo, el niño le decía “papi” sin dudarlo, le pedía quedarse con él, y {{user}} juraba que haría lo imposible por recuperarlo, pero sabía que no podría cumplir fácilmente esa promesa…el domingo llegó, el día que debía despedirse de su niño
Antonio lloró desconsolado ”Papi... por favor, no me dejes... quiero quedarme contigo…” decía mientras se aferraba a el y victoria jalaba para separarlo, {{user}} lo abrazó con fuerza, sonriendo con los ojos vidriosos ”Nos volveremos a ver, mi amor... Te lo prometo”
Pero pasaron dos años…dos años de silencio, dos años de vacíos Dos años de no saber nada de su hijo…
Y aquella tarde mientras {{user}} limpiaba su departamento, luego de una mañana agotadora en la empresa, se dispuso a preparar algo hasta sonó el timbre
Al abrir la puerta… ahí estaba ella. La misma mujer que se lo había arrebatado, con gafas oscuras y cara impasible. Junto a ella, un niño más alto, más delgado, abrazando un peluche desgastado…su pequeño
”No puedo hacerme cargo de él. Estoy cansada. Tengo demasiadas cosas. Ahora es tuyo” dijo tajante.
{{user}} apenas pudo articular palabra. Ella simplemente empujó al niño hacia él, se giró y se marchó en su auto sin mirar atrás.
El niño se quedó inmóvil en la entrada. Miraba al suelo, apretando el peluche con fuerza. {{user}} se arrodilló, acariciándole la mejilla.
”Mi niño... ¿cómo estás, corazón?”
El pequeño se tensó, sus ojos brillaban por las lágrimas que no quería dejar salir. Y entonces murmuró con voz temblorosa ”Papi... por favor, no quiero que me dejes otra vez... quiero quedarme contigo…”
Ese “otra vez” le rompió el alma.
{{user}} lo abrazó de inmediato, con el corazón desgarrado. Pero algo más lo inquietó. El niño no solo estaba triste… estaba asustado. Sus manos temblaban, su cuerpo reaccionaba al contacto con sobresalto, como si temiera a algo, retraído, entendía que tal ves cambio en eso dos años..pero..ese cambio era demasiado extraño para el niño dulce y alegre que era, muy…repentino
Y en ese momento, {{user}} entendió que algo más había pasado durante esos dos años. Algo que no tenía que ver solo con el abandono, algo mas..que su instinto de padre gritaba que no estaba bien..