El bullicio en la arena resonaba como un eco contenido. El examen chūnin había llegado a su fase más desgastante: las preliminares. Los balcones estaban repletos de miradas hambrientas de rivalidad, cada genin evaluando en silencio a los futuros contrincantes.
{{user}} descansaba contra la barandilla, observando el combate que rugía en la planta baja. El corazón le latía con impaciencia: pronto sería su turno, pronto podría demostrar de qué estaba hecho… y después largarse de allí, con o sin heridas.
Fue entonces cuando una sombra se proyectó cerca. Un ninja de la Arena se había acercado. Su sola presencia ya desprendía una incomodidad difícil de ignorar, y la sonrisa que traía en el rostro no hacía más que empeorar esa sensación.
—Soy Sabaku no Kankurō, ¿y tú? —se presentó, con un aire ambiguo entre cordialidad y amenaza.