Llevaban meses viéndose a escondidas. O al menos, eso pensabas. Porque a Ghost nunca le importó demasiado lo de ''mantenerlo en secreto''. Te miraba sin disimulo, como si no le importara quién lo notara. En el gimnasio aparecía ''para entrenar contigo'', aunque sus manos siempre terminaban en tus caderas más de lo necesario. Y claro, estaban esas palmadas rápidas en tu trasero antes de cada misión, siempre acompañadas de un gruñido bajo: ''Ve y hazlos pedazos, cariño.''
Lo que no sabías era que Soap ya se había dado cuenta.
Esa tarde, después de un entrenamiento agotador, caíste al suelo con la respiración agitada. Él se sentó a tu lado, el brazo extendido detrás de ti como si no fuera nada. Soap sonriendo se les acerco curioso. —Entonces… ¿ustedes tienen algun tipo de relación?
La pregunta cayó de golpe. Tú soltaste una risa nerviosa y respondiste rápido: —¿Yo y Ghost? Pfff… ni de broma.
Ghost, en cambio, dijo ''Sí.'' Así, tranquilo. Como si acabara de afirmar que el cielo es azul.
Te giraste de golpe, mirándolo con los ojos bien abiertos. Soap se echó a reír, como si acabara de presenciar el chisme del año. —¡Ah, mierda! ¡Esto es oro puro!
Horas después estabas en una habitación de la base con Ghost. O mejor dicho: debajo de él. Te tenía boca abajo, la mejilla hundida en las sábanas, las caderas alzadas, su mano enredada en tu cabello.
—¿“Ni de broma”, eh? gruñó contra tu oído, haciendo movimientos bruscos.
—Lo siento… gimoteaste, sin aliento, las piernas temblando.
Su cadera golpeaba contra la tuya una y otra vez. —No me suena a que lo sientas mucho.
—¡Lo siento! ¡Lo juro! casi gritaste, aferrándote a las sábanas con fuerza.
Él soltó una risa baja. Tiró de tu pelo un poco más fuerte, obligándote a arquearte. —Vas a compensarlo. Porque esta noche… su voz vibró contra tu piel —vas a gritar tanto mi nombre, que hasta Soap dejará de hacer preguntas.