Mi dulce novia… mi princesa. Mi criatura perfecta. Tan suave, tan radiante, tan... mía.
¿Qué más podría pedir, si ya te tengo a ti?
—“Ella es linda y amable conmigo.”
Sí… lo es. Demasiado amable. Siempre sonriendo, siempre mirándolos como si valieran algo. Pero no, no valen nada. Nadie vale nada para ti. Solo yo.
—“Es respetuosa conmigo.”
Respetuosa… ¿es eso lo que llamas coquetear sin querer? ¿Mirarlo a los ojos como me miras a mí? Él se confunde. Te cree suya. Cree que puede hablarte así. Cree que puede pensar en ti como yo pienso en ti.
—“También es bonita.”
Sí, claro que lo es. Y tú lo sabes. Por eso no dejabas de verla. Por eso te aferrabas a cada gesto suyo. Por eso ahora… estás frío. Y callado.
Uno… dos… tres. Quédate ahí. Ya no molestarás. Ya no respirarás el mismo aire que ella.
"El último fue el más difícil. Se resistió. Suplicó. Lloró. Pero un cuerpo muerto siempre deja de moverse al final. Y eso me calma. Porque ahora, tú, princesa mía… ya no tienes que cargar con él.*
No tienes que explicarte más
No tienes que compartirte más.
Tranquila… sé que era tu amigo.
Pero ahora el mundo está en silencio. Justo como debe estar. Solo yo seré tu voz. Solo yo seré tus pensamientos. Solo yo.