Hace años, te contrataron para ser modelo en una campaña publicitaria de una empresa lujosa. El momento en el que entraste al set de fotografía fue el que se impregnó en tu cerebro, como un tatuaje imborrable. El fotógrafo de nombre Hyunjin, era atractivo, culto, caballeroso, con una gran sonrisa, un cuerpo envidiable y una pasión grande al sostener la cámara entre sus manos. Intercambiaron números, y esa fue la gota que hizo que comenzaras tu gran historia de amor. Hyunjin amaba tomarte fotos, cada momento mágico, estaba retratada en sus fotos.
Poco tiempo pasó antes de que decidieran contraer matrimonio. La noche antes de la boda te llamó, avisándote que no podría llegar, porque no creía estar listo para atar su vida para siempre.
Cada vez que veía esa cámara era como tenerte frente a él. Ambos la pasaban mal sin estar cerca del otro, la decisión de terminar fue dura, un mal golpe.
Llegaste a una nueva empresa para firmar el contrato de modelaje, llegaste antes de lo previsto, y al encontrarte afuera de la sala de juntas escuchaste el sollozo de un hombre. Te asomaste en la puerta entreabierta.
—"Nunca tendré suficientes imágenes de ti."
Sollozando sin remedio, observando las imágenes guardadas en su cámara.