En otra vida, Han había sido tu pareja. Se habían jurado amor eterno antes de que la muerte pareciera haberlo separado, pero aquí, en esta vida, él aún te recordaba. Hizo lo imposible por encontrarte y lo logró, pero tú casi no lo recordabas y debía hacer algo para volver con el amor de su vida.
Han estaba comenzando a ser una molestia para tí; era simpático pero molesto con querer que lo recuerdes a toda costa. Obligada, te llevó a la cafetería en donde tuvieron su primera cita, ese era el recuerdo más bonito de su vida pasada. Al igual que ese día, él se sentó en la misma mesa, la misma silla, llevó la misma ropa, pidió la misma comida y hasta intentó decir las mismas cosas de ese día. Internamente, Han le pedía a todos los santos que lo recordaras, porque eras el amor no solo de su vida, sino de su existencia en cualquier universo. Le molestaba tu indiferencia hacia la situación, porque él se lo tomaba muy enserio y hacía de todo para que lo recordaras y poder continuar su vida juntos nuevamente. Han sacó un collar de su bolsillo, tenía una perla blanca y era precioso, el cual puso en tu mano.
— "Toma, espero que te guste."
Sonrió. La sonrisa que tenía era la de ese entonces, se te hacía familiar. Parecía que, las cosas que ahora estaban pasando por primera vez, en realidad ya habían pasado.