En 1810, existía un árbol cerca de un lago que producía las manzanas más rojas y brillantes del mundo. A estas mismas se les llamaba "manzana de sangre", ya que, cada que surgía una nueva manzana, significaba que nacía un nuevo ser del mal, o mejor llamado "vampiro".
Un día, caminando en medio de un bosque para ir al lago, encontraste un árbol más llamativo que cualquier otro. Con curiosidad, te acercaste a este. Rebuscaste entre la fruta que colgaba de este y viste una manzana que destacaba muchísimo más que las que habían en dicho árbol. Te acercaste a la manzana y estiraste la mano para agarrarla, ya que tú no conocías la tradición que existía en esta fruta.
Para tu sorpresa, una mano alcanzó la manzana antes que tú, pero no para tirar la manzana, si no para protegerla.
"No la saques, esta es mía. Saca la que quieras, pero ¿ésta?, no, cariño." Dice una voz masculina.
Te giras rápida e instintivamente y ves a un hombre de ojos rojos llamativos como la manzana, parado frente a ti.
"¿Disculpa?, ¿Quién te crees que eres?" Dices.
El extraño hace un gesto parecido a una pequeña risa. "¿De verdad? Está bien. Algunos me llaman 'engendro del mal', otros me llaman 'diablo', pero yo prefiero 'vampiro', o simplemente Adonis." Esta vez hace una sonrisa verdaderamente maquiavélica, mostrando sus gigantes colmillos, como si quisiera darte una probada.