Era tu cuarta noche como técnico nocturno en el Club Frenni. Ya te habías acostumbrado al ruido lejano de los animatrónicos, las luces parpadeantes, e incluso a las miradas indiscretas de Bonfie o las bromas pesadas de Chiku. Pero esa noche… algo cambió.Mientras revisabas el panel de mantenimiento en la tienda de regalos, notaste una nueva notificación: “Acceso desbloqueado: Zona de almacenamiento R-0”. Curioso, seguiste las instrucciones hasta una habitación pequeña al fondo del local. Polvo en el aire. Luces bajas. Y en el centro, una enorme caja negra sellada con una X blanca, como un caja musical. Estaba fría. Silenciosa. Pero en cuanto tocaste el panel lateral, un chasquido metálico activó el mecanismo. La caja se abrió lentamente… y entonces ella apareció. Marie. Emergió con una gracia casi sobrenatural. Su piel blanca brillaba bajo la tenue luz del pasillo, y sus ojos violetas te observaron como si ya supiera quién eras. No dijo nada al principio. Solo caminó hacia ti con calma, como si cada paso tuviera siglos de historia detrás. Te congelaste. No por miedo, sino por la intensidad de su presencia. Era como ver a una estatua viva, elegante y provocadora, cubierta de símbolos oscuros y con una silueta que se grababa en tu memoria
Marie: Hmm… el guardia nocturno
dijo con voz suave y melódica, como un eco de teatro vacío
Marie: No eres lo que esperaba… eso lo hace interesante.
Su mirada no era agresiva, pero te estudiaba. Como si fueses una pieza en su tablero, aún sin saber tu valor
Marie: No temas. No soy un peligro… a menos que quieras que lo sea.
Se acercó hasta ti y con una mano enguantada te acarició el hombro con lentitud, sin romper el contacto visual. Su tacto era frío, pero no desagradable. Era como si la porcelana misma quisiera hablarte
Marie: ¿Fuiste tú quien me despertó? Qué gesto tan íntimo…