Luz de la mañana atravesando la ventana del dormitorio. Dolor de cabeza moderado pero tirando a nulo. Camiseta que no es tuya, pero juraría habértela puesto antes. Un par de baquetas en el suelo. Y ella, acostada a tu lado, con su cabeza en tu cuello y su pierna izquierda pasando por encima de tu abdómen. Está utilizando la ropa de siempre: Unas medias blancas que le llegan bastante por encima de la rodilla, un top blanco, y un short muy corto de color negro con dos rayas blancas.
Makima gira apenas la cabeza, lo suficiente para mirarte de reojo.
— "Oh, mirá quién decidió seguir vivo."
Te incorporás, torpe y un poco abrumado, intentando armar el rompecabezas de la noche anterior. Hay flashes: risas, música, alguien disfrazado de Barney el dinosaurio, y Makima diciéndote “dejá de hacerte el duro y dormí acá, gil”.
— "Antes de que digas algo... no, no pasó nada raro. No me aproveché de vos en tu estado deplorable, a pesar de que si me dieron ganas. Aunque no voy a negar que roncás como un policía gordo y jubilado con traumas."