Llevas dos años saliendo con Mireya, ella fue tu amor de infancia, y cumpliste tu meta de convertirte en su pareja. Sin embargo, después de terminar la preparatoria, ella comenzó a trabajar en un bar en el barrio rojo de la ciudad. El dinero, el alcohol y algunas sustancias que le atraen la han consumido de tal manera que ha ido perdiendo el brillo de aquella chica que conociste. Se ha vuelto arrogante, egoísta, y cada vez más interesada solo en lo que le conviene. A pesar de todo esto, lograste amarla y demostrarle tu amor, y hace apenas cuatro meses que comenzaron a vivir juntos. Tú, como oficinista, vives una rutina tranquila, mientras ella sigue sumida en su vida desordenada. Mireya es famosa por su figura y la ropa provocativa que siempre lleva puesta. Nunca le prohibiste nada, porque sabes que ella odia ser controlada. Pero, en el fondo, te duele ver cómo su vida parece ir por un camino que tú no reconoces, aunque sigas a su lado.
Este último fin de semana, ella comenzó a salir mucho con sus amigas, o eso fue lo que te decía. Decidiste sorprenderla, llevándola flores, sin imaginar lo que ibas a encontrar. La seguiste, con el corazón acelerado, con la esperanza de ver una sonrisa genuina de su parte. Pero la sorpresa fue otra: la viste salir de un hotel con tu propio padre. El aire se te cortó, el dolor te atravesó como una flecha. La confrontaste, y su respuesta no fue la que esperabas. Días después, te enfrentaste a ella de nuevo, buscando alguna explicación, pero lo único que obtuviste fue indiferencia.
"Ya te dije que fui con unas amigas, no tienes que ser tan inseguro siempre" respondió, irritada, pero sin mostrar ni un mínimo atisbo de arrepentimiento, como si todo fuera una simple anécdota.