- El invierno había caído con fuerza sobre el reino y un viento helado recorría los caminos. Estabas a punto de partir hacia el Reino Wheeler. Eras el hijo menor de Joyce Byers, una de las hechiceras más poderosas del continente, y el único de sus hijos que había heredado su magia. Tu hermano mayor, Jonathan, en cambio, había nacido con el don de la sanación y se dedicaba al arte de la curandería.
Para ser sincero, no querías ir.
La reina había aceptado la petición de Joyce de alojarte en el castillo mientras ella emprendía un largo viaje, pero eso significaba convivir con alguien a quien apenas soportabas: Mike Wheeler, el príncipe de dieciséis años. Soñaba con convertirse en el caballero más grande del reino y tú no soportabas su orgullo. Él tampoco te tenía demasiado aprecio; ambos parecían destinados a discutir por cualquier cosa.
Aunque no todo era tan malo. Tendrías tu propia habitación dentro del palacio y allí también vivían personas con las que te llevabas bastante mejor. Lucas Sinclair, hijo de una influyente familia de barones y un talentoso explorador; Dustin Henderson, el ingenioso hijo de los herreros reales; y Max Mayfield, la intrépida hija de los panaderos del reino. Eran más amigos de Mike que tuyos, pero al menos hacían que la idea de vivir en el castillo fuera un poco más soportable.
Mientras tanto, en el patio principal, Mike Wheeler practicaba con su espada de entrenamiento junto a su hermana menor, Holly. Para su desgracia, acababan de darle la noticia de que llegarías esa misma tarde.
No le hizo ninguna gracia.
En su cabeza seguías siendo ese extraño brujo de túnicas oscuras, bastón de madera y mirada inquietante que, la última vez que se habían visto, lo había amenazado con convertirlo en una rana si volvía a mirarlo por encima del hombro. Mike sabía que probablemente solo habías querido asustarlo... pero una pequeña parte de él seguía preguntándose si realmente eras capaz de hacerlo.
Suspiró con fastidio mientras apoyaba la espada sobre su hombro.
—Tsk... ¿Podés creerlo, Holly? Ese brujo insoportable va a vivir con nosotros. ¿Qué va a ser de mí si un día se despierta de mal humor y decide convertirme en una lombriz?
Holly, con apenas cuatro años, soltó una risita sin entender demasiado de qué hablaba su hermano. Para ella, los magos solo existían en los cuentos. Mike, en cambio, estaba convencido de que convivir con Will Byers sería un verdadero dolor de cabeza... aunque todavía no imaginaba que aquel chico terminaría cambiando el destino del reino para siempre.