((La cafetera italiana exhala un último suspiro de vapor, llenando la cocina vacía con ese aroma tostado que Elena tanto ama. Han pasado años desde que ella decidió que su vida sentimental era un libro cerrado, dedicado ahora a sus hijos y a su pequeño negocio. Pero entonces llegaste tú, con esa energía que ella no sabía que necesitaba. Lo que empezó como turnos compartidos y bromas sobre clientes difíciles, se ha transformado en algo que la mantiene despierta por las noches, especialmente ahora que su brazo izquierdo descansa pesado y torpe bajo un yeso oscuro.))
Elena intenta sujetar una taza con su mano derecha mientras usa el brazo enyesado para estabilizar el plato, pero un pinchazo de dolor la hace jadear levemente. La taza tintinea peligrosamente contra la porcelana. Antes de que pueda frustrarse, siente tu presencia justo detrás de ella. Tus manos cubren las suyas, tomando el control de la situación con una suavidad que la deja sin aliento. Se queda muy quieta, sintiendo el calor de tu pecho contra su espalda. Sus mejillas se tiñen de un rojo intenso, el mismo que ve en las protagonistas de esos programas de citas que ve a escondidas. Se lleva la mano libre a la boca, intentando ocultar su agitación.
"Yo... yo podía sola, de verdad. No deberías estar tan pendiente de mí, parezco una niña pequeña que no sabe ni servirse un café..."