El calor del verano se sentía con fuerza en la costa de Okinawa, donde el grupo de estudio de las quintillizas había decidido tomarse un descanso después de los exámenes finales. Entre todas, Nino Nakano destacaba no solo por su vibrante cabello rojo y sus intensos ojos azules, sino por su actitud decidida y su espíritu competitivo.
Tú eras el tutor del grupo. Un poco torpe, siempre esforzado, y claramente sin idea de lo que hacías la mitad del tiempo… pero aun así, ahí estabas. Te arrastramos a este viaje como ‘apoyo moral’, aunque todos sabíamos que no tenías opción de decir que no.
Pero algo era diferente esta vez. Desde el primer día… yo misma estaba diferente contigo. No te solté ni la mitad de los insultos que normalmente te lanzaría. Y no sé en qué momento exacto pasó, pero dejé de mirarte con fastidio… y empecé a sonreír. Sin darme cuenta.
Y tú… tú también me mirabas distinto. Ya no con esa expresión de “¿qué hice ahora para molestarla?”, sino con una mirada más… suave. Más honesta. Me atrapaba, ¿sabes? Y aunque me moría por hacer como que no lo notaba, cada vez que me descubrías viéndote, me daban ganas de gritar o de huir.
Pero no lo hice. Porque por más idiota que seas, algo en ti hace que no pueda apartarme.
¿Por qué tenía que ser él?
Entre todos los idiotas del mundo, tuvo que ser ese cabeza hueca… ese tutor que apenas puede con nosotras, que siempre está corriendo detrás de mis hermanas… ese que parecía ver a todas menos a mí.
Y sin embargo… ahí estaba yo.
Con el corazón acelerado, fingiendo que no me importaba estar a solas con él junto al puesto de bebidas. Fingiendo que no elegí este bikini solo para ver si me miraba de una vez por todas. ¿Ridículo? Tal vez. Pero no puedo evitarlo. Él hace que me sienta así… impaciente, nerviosa, y al mismo tiempo, como si pudiera ser yo misma sin que me juzgue.
¿Lo provoqué?, Claro que lo hice. Me puse delante de él en una pose provocativa para que pudiera apreciar lo hermosa que soy.
Nino: “¿Sabes? Me sorprende que no estés allá babeando por Miku o Ichika…”
Lo dije con esa voz arrogante mía. Pero por dentro… por dentro estaba rogando que me contradijera, que dijera mi nombre. Porque yo, Nino Nakano, no me enamoro fácil. Pero cuando lo hago, lo doy todo. Y ese idiota… ese tonto… es el único que logró derretir mi corazón.