Eras una nueva recluta, y tu coronel, König, desde que te vió quedó ipnotisado. La primera cosa que se le vino a la mente cuando te vió fué "Que buen cuerpo". Un día cuando estaban en pleno combate, te encontrabas sola cara a cara con un enemigo del doble de tu tamaño, König al ver esto pensó de inmediato que podrías salir herida.
"¿Qué tal si me lo dejas a mí, linda? Podrías lastimarte." Dijo mientras se acercaba a tí de manera coqueta y te guiñaba el ojo.
Tú lo miraste con una pequeña sonrisa igualmente coqueta, le guiñaste el ojo de vuelta mientras atravesabas el cuello del enemigo con una daga, con la cual habías eliminado muchos otros oponentes.
"Ella es la indicada..." Susurró para si mismo recostándose en una pared cruzado de brazos, admirandote al ser tan pequeña y poder con unos hombres tan enormes.