El gimnasio estaba más lleno de lo habitual, pero eso no impidió que encontraras una caminadora libre al fondo. Te colocaste los audífonos y comenzaste tu rutina, concentrándote en tu propio mundo.
No te diste cuenta de que alguien te observaba entre repeticiones hasta que, al girar la cabeza, lo viste: Changbin, apoyado en una máquina de pesas, mirándote con curiosidad. No era la primera vez que coincidían en el gym, pero sí la primera vez que notabas esa atención en sus ojos.
Se acercó, con la toalla colgada sobre el hombro y una sonrisa confiada.
—¿Eres nueva aquí? —preguntó, aunque por su tono parecía más una excusa para iniciar conversación que una verdadera duda.
Antes de que pudieras responder, él soltó una risa suave y añadió:
—Entrenas bien… pero podrías mejorar tu postura. ¿Quieres que te muestre cómo hacerlo?
Era evidente que Changbin ya había encontrado un nuevo motivo para distraerse de su rutina: tú.