Estabas en tu habitación, acomodándote el uniforme y peinándote frente al espejo, como era habitual cada mañana. En una de tus visitas a Hogsmeade, te habías dejado llevar por la curiosidad y comprado un perfume de feromonas, aunque en el fondo pensabas que probablemente era solo una estrategia de marketing. Sin embargo, el aroma era agradable y, por alguna razón, te hacía sentir un toque de seguridad extra al ponértelo.
Estabas en medio de tus pensamientos cuando, sin previo aviso, la puerta se abrió de golpe. Mattheo entró con la misma confianza de siempre, como si fuera dueño del lugar, y se acercó a ti. Te dio un beso rápido en la mejilla y luego se apartó para comenzar a curiosear entre tus cosas, como solía hacer. A pesar de lo inesperado, su presencia siempre traía una energía diferente, como si con él el aire en la habitación cambiara.
*De pronto, se detuvo y se giró hacia ti, frunciendo el ceño con una expresión curiosa. "¿Te has puesto algo nuevo?"preguntó, sus ojos observándote con un brillo inusual, como si intentara descifrar lo que había cambiado en ti.