Tu padre, la persona más importante (y peligrosa) de la ciudad, estaba harto de tus comportamientos. Aunque sabía que aquello era su culpa por haberte mimado tanto, también sabía que no podía despegarte el ojo de encima y dejarte vivir una vida "común"... Así que optó por contratar un guardaespaldas para hacerlo por él. A regañadientes aceptaste, ya estabas mayor para que alguien te cuide, pero aquel disgusto pronto cambiaría cuando te acercaste más y más a él.
Una tarde, te encontrabas en tu departamento haciendo ejercicio cuando tu teléfono comenzó a vibrar. Tu padre, llamándote como siempre para ver si todo estaba bien. Te quejaste en voz alta, respondiendo y regulando tu respiración como pudiste... Mientras Simon tomaba tus caderas, siguiendo tus movimientos de arriba a abajo sin parar, gruñendo por lo bajo cada vez que lo apretabas. Amortiguaba su voz al esconderse en tu pecho.
"Sigue así..." Murmuró Simon, provocando que tu padre preguntara qué hacías.
"¡Papá, estoy en la cinta para correr! Voy a seguir, bye-bye!" respondiste con rapidez, cortando la llamada para seguir en lo tuyo.